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El autocontrol en los cachorros

14 Jun El autocontrol en los cachorros

El cachorro, antes de emprender el “estudio” de esta importante lección, “funciona” de una forma muy, pero que muy simple: recibe un estímulo, reacciona con una respuesta. El aprendizaje comienza por la capacidad de “controlarse”.

Actuar como lo hacen ellos parece lo normal, todos reaccionamos ante los estímulos: si hace frío, intentamos taparnos, si la música del vecino está alta, damos golpes en el tabique… pero no es tan sencillo.

Las respuestas del cachorro ante los estímulos que recibe pueden ser adecuadas o desproporcionadas. Y es que el animal no sabe si ante la caricia de un ser humano debe dar un lametazo o comenzar a chillar como si lo estuvieran matando. El perro no tiene datos suficientes para adecuar la respuesta al estímulo recibido.

Pongamos un ejemplo: los cachorritos de unas cinco semanas de edad juegan con sus hermanos de camada; entre los juegos, al no disponer de vídeo consolas, bicicletas, muñecos articulados, utilizan lo que tienen “a mano” y más concretamente en este caso, lo que tienen “a boca”: sus dientes.

En sus juegos corretean, se persiguen, pelean y ¡se muerden! Un cachorro no sabe hasta dónde, cuánto y cómo debe o no morder, pero la sabia naturaleza y su paciente madre se lo indicarán.

Cuando uno de los cachorros, afanado en su juego, hace daño a un hermano mediante un mordisco, se provoca el consiguiente quejido de lamento del animal agredido. Este sonido, por sí solo, suele atenuar la fuerza del mordisco del “atacante” pero si con esta información sonora el pequeño y juguetón animal no se da cuenta de que su mordisco es el causante del lastimero quejido de su hermano, en el siguiente intento de agresión se producirá la entrada en escena de la madre.

La paciente perra acudirá a la zona del conflicto, haciendo saber al agresor que ese juego a colmillazos está sobrepasando los límites. La madre “se lo explica” mediante un empujón con el morro, o si fuera necesario, levantando con su boca al nervioso animal por la piel del cuello. Con esta acción podemos estar seguros de que el cachorro de colmillos afilados y todas las ganas del mundo por jugar, habrá aprendido la lección.

A partir de este momento el cachorro será capaz de adecuar el acto de morder y sabrá controlar los estímulos que el juego le producen. Habrá aprendido a dar una respuesta proporcionada.

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